Parashat Vaieji 5771

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Shabbat Tevet 11, 5771 – 18/11/2010

PARASHÁ: VAIEJI

Parashá: Bereshit / Génesis 47:28 – 50:26

Haftará: Melajim alef / Reyes I 2:1 – 12

 

Algunos conceptos, preceptos o valores de la parashá

  1. Apreciar la vida y hacer disfrutarla al máximo de su potencial.
  2. Bendecir a los hijos, con palabras y actos.
  3. Dejar huellas positivas del paso por este mundo.
  4. Respetar el duelo por los allegados fallecidos.
  5. Amar a la familia, primer organismo social en el cual construir Shalom.
  6. El fundamental valor de arrepentimiento.
  7. Reconocer los errores es para las grandes almas.
  8. Mantener la identidad a pesar de las atracciones externas o de las dificultades.
  9. La Tierra de Israel como centro de la espiritualidad judía.
  10. La muerte física no es el final de la existencia.

"Iaacov [Jacob] vivió en la tierra de Egipto 17 años; y los días de Iaacov [Jacob], los años de su vida, fueron 147 años"
(Bereshit / Génesis 47:28)

Si bien la parashá se denomina "él vivió", realmente se nos narra el fallecimiento de Iaacov.

El Rebbe de Lubavitch nos hace ver que toda la vida del patriarca fue de conexión con el Todopoderoso, con expresa intención de trascender el mundo material.

Ya que el patriarca compartió esta gran cualidad con sus descendientes,
él se perpetúa con vida, más allá de su muerte física.

La vida no finaliza cuando uno exhala el último hálito,
si es que se ha vivido en verdad.

 

Enseñanza para comentar y pensar: El esclavo del lápiz

Un estudiante se quejaba de que no podía concentrarse como para estudiar en profundidad los temas propuestos.
El continuo divagar de sus pensamientos no se lo permitían.
Al ver su cara preocupada, su maestro le consultó por el pesar que le aquejaba, a lo cual respondió el discípulo: "Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan estudiar; si consigo espantarlos por unos segundos, luego vuelven con más fuerza. No me dejan tiempo para meditar en los temas, llaman la atención, desgastan… no me dejan en paz… como un pájaro carpintero taladran mi cabeza y por más que me esfuerzo no consigo vencerlos…".
El maestro le enseñó que: ”Cuanto más peleas contra ellos, más te ganan”.
No obstante, llevar a la práctica este breve pero profundo consejo no le resultaba sencillo al estudiante, por lo cual seguía lamentándose de que los pensamientos no le dejaban en paz y que su mente estaba confusa.
Cada vez que intentaba concentrarse, millones de murmullos y clamores irrumpían en su cabeza.
Para empeorar las cosas, el alumno se sentía especialmente fracasado, como si fuera el primero y único en no tener la habilidad para clarificar su mente y aquietar su corazón.
Parecía no querer, o no poder, entender que su situación era muy frecuente, diríamos que lo común en las personas.
Pero esa angustia “personalizada”, era como una especie de victoria dentro de su derrota, por lo cual se mantenía angustiado, caótico, desconcentrado, amargado consigo mismo.
Ante esto, el sabio decidió cambiar de estrategia, le daría un ejercicio para entrenar su cuerpo y su mente.
El maestro le dijo: "Aferra este lápiz bien fuerte y no lo sueltes por ningún motivo. Mantén constante tu presión sobre el lápiz. No aflojes. Mientras así haces, siéntate y ponte a estudiar".
El discípulo obedeció. Su mente se dirigía a constatar la presión que ejercía sobre el lápiz, para retornar a la hoja que tenía frente a sí.
En cierto momento pensó: “No entiendo este ejercicio. Si mi maestro se pensaba que me iba a concentrar en el estudio por desviar mi atención hacia el lápiz, se equivocó. Estoy más pendiente de cómo aprieto mis músculos de la mano y no soltar el lápiz a comprender el texto que leo y releo y no me entra. Este ejercicio no lleva a nada…”.
Al cabo de un rato el maestro le ordenó:"¡Suelta ahora el lápiz!".
El alumno relajó sus músculos, por lo que el utensilio resbaló hacia la mesa.
Miró a su maestro con sorpresa, como esperando alguna explicación, o quizás aguardando a que el maestro le preguntara y él le revelara que en nada le había ayudado para concentrarse y aprender del texto.
Pero el maestro se limitó a preguntar: "Dime, por favor, quién aprisionaba a quién, ¿tú al lápiz o el lápiz a ti?

 

Preguntas para reflexionar

  1. ¿En qué basas tu identidad?
  2. ¿Eres capaz de reconocer tus errores? ¿Intentas corregirlos?
  3. ¿Qué haces para superar tus limitaciones y alcanzar al máximo tus potenciales?
  4. ¿Cómo te gustaría que te recuerden?
  5. ¿Has juzgado a otros por alguna acción errónea?
  6. ¿Y a ti mismo?
  7. ¿Puedes explicar la moraleja del relato?

Les deseamos Shabbat Shalom UMevoraj!

Moré Yehuda Ribco

Textos originales de Yehuda Ribco y otros que son seleccionados de:

1. "Un principio sin final", del Rabino Aarón Ribco

2. “Aromas del Paraíso”, del Moré Yehuda Ribco

Imágenes sin copyright tomadas de diversas fuentes.

 

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