Shavuot

 

Recibamos con amor

 

Los Sabios nos enseñan sobre el versículo:

“Moshé sacó al pueblo del campamento al encuentro de Dios, y se pararon bajo la montaña” (Shmot/Éxodo 19:17)

 

No está escrito “al pie de la montaña” sino “…bajo la montaña…”. Sobre lo cual nuestros Sabios nos enseñan (Shabat 88a) que la montaña (el monte de Sinaí) fue arrancada de su lugar y fue suspendida sobre los israelitas como un tonel forzándolos a recibir a recibir la Torá, o de lo contrario Dios les dejaría caer encima la montaña.

Como en varias narraciones talmúdicas nuestros grandes Sabios esconden enseñanzas en alegorías y metáforas para poder desglosarlas y encontrar múltiples significados. Pero en resumen lo que aquí nos quisieron decir fue que el Pueblo de Israel se vio sometido a tanta “manipulación” por parte del Eterno, tantas maravillas y milagros: plagas, la partición de mar, eventos sobrenaturales y demás. Es decir el pueblo no tuvo la posibilidad total de elegir por opción propia, sino que fue convencido casi a la fuerza.

 

El Rab Kook escribe que si bien hay gente cree que la Torá es de origen Divino y proviene del cielo, se imaginan en sus mentes un cielo muy bajo. Y por otro lado existe gente que no cree en la Divinidad de la Torá por ver un cielo muy alto. Aquel Dios al que  ellos aspiran no es compatible con aquel judaísmo oscuro, seco, y falto de contenido. Justamente por que aquellas personas desean apegarse a su Padre realmente es que reniegan de la Torá. No reniegan de la Torá dada por el Eterno, sino de una Torá que ciertos maestros enseñan, una Torá inmadura, infantil, pequeña y reducida. Un judaísmo quedado en el tiempo, falto de color y aroma. Es en contra de esto que se levantó el liberalismo judío, es por esto que hoy en día la mayoría de judíos del mundo no son practicantes.

Pero tenemos buenas noticias: esto es algo bueno! Y no solo bueno, sino que muy bueno! Es justamente toda esta ola de “herejía” que viene a borrar aquel dibujo infantil de Dios, un Dios desvinculado de la vida, desvinculado del mundo, aislado en las sinagogas, un Dios castigador y cruel. Para llegar a un nivel superior de “servicio Divino” se debe previamente pasar una etapa de formación desaprendiendo, borrando lo que generaciones fueron oprimidas. Para alcanzar aquel peldaño superior en la concepción de la Divinidad se ha de pasar por esto. Pero se está en estos momentos levantando una nueva generación, un nuevo judaísmo, lleno de vida y color, fortaleza y vitalidad. Un Dios que se revela que vive con y en nosotros mismos, nos llena de regocijo y alegría. No es fácil ni rápido, se debe volver a las raíces, volver a sacar la empolvada caja de “pensamientos del judaísmo”, desintoxicarla de cualquier influencia que pudo haber recibido durante siglos en la diáspora. Y volverá! Volverá un judaísmo vivo y lleno de esplendor, donde el Pueblo reciba la Torá de voluntad y corazón. Tal como el Profeta dice:

 

“Y he aquí que vendrán días-dice el Eterno- y

Pactaré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto.

No como el pacto que fije con sus padres

en el día en que los saqué de la tierra de Egipto,

al que ellos renegaron y yo los forcé” (Irmiahu/Jeremías 31:30)

 

 

En aquellos días, los días de la Gehulá/Redención, los días en los que estamos viviendo, el pueblo recibirá nuevamente aquella Torá que fue recibida en el Sinaí solo que esta vez con comprensión, con voluntad. El pueblo de Israel comprenderá como la Torá es su identidad, es su esencia espiritual. Y es esto lo que vivimos aquellas tantas buenas personas, que buscan la cercanía con el Eterno y no les conforma la oferta expuesta. Lo que provocará una comprensión y conocimiento más profundo de nuestra sagrada Torá y del Eterno.

 

El Maharal de Praga pregunta: ¿Por qué no figura en la Torá el acontecimiento que hace especial a Shavuot, la entrega de la Torá y en su lugar figura que es el día de “las primicias”?

El gran sabio responde diciendo que no es loable puntualizarlo con un acontecimiento que fue forzado al pueblo, como lo fue la entrega de la Torá! Y es por ello que debemos en la fiesta de Shavuot (que ya en horas se aproxima) de recibir nuevamente la Torá, pero esta vez de voluntad, con deseo y gusto. Debemos “completar” lo que faltó en aquella entrega. Es por ello que agregamos una noche de estudios de la cual no estamos obligados para mostrar nuestro anhelo y apetencia por la dulce Torá.

 

“Y no enseñará el hombre a su compañero”(Jeremías 31:32)

 

No será más un judaísmo externo, extraño, que no comprendamos, que viene de “afuera”, que no es recibido con el corazón, sino que brotará de nosotros, será nuestra alma hablando, viviremos unidos al mundo, unidos a Dios.

 

“Ya que todos Lo conocerán” (Jeermías 31:33)

 

La palabra del Eterno emanará de nuestra interior.

Brotará de nuestro ser la Torá, será una Torá de vida (Torat Jaim) vivirá en nuestro interior, tal como los patriarcas lo hicieron. Será natural en nosotros y no un dogma obligado.

 

 Que ameritemos en esta fiesta de Shavuot de recibir sobre nosotros el Yugo celestial, con amor, comprensión y buena disposición.

Que podamos caminar sus “caminos deleitosos” y a travéz de la Torá y los preceptos logremos irradiar al mundo de nuestra luz interna!

 

JAG SAMEAJ!!

Felices fiestas!!

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