La amargura de Shmuel

Hace unos días compartí una enseñanza de cómo podríamos actuar cuando nos sentimos enojados. Tomamos como ejemplo al gran profeta Shmuel en un episodio que se narra en el capítulo octavo de su libro.
En un comentario, un atento y amable lector y amigo nos dijo:

Buena lección!
Por otro lado Moré, cabría preguntar lo siguiente:
Por un lado en el versículo 6 se escribe “Pareció mal ésta palabra a los ojos de Shemuel cuando dijeron: danos un rey para jusgarnos”
Y en el versículo 7 dice: “Mas dijo el Eterno a Shemuel: oye la voz del pueblo en todo o que te digan, porque no (es) a tí (a quien) rechazaron, sino a Mí han rechazado, para no reinar sobre ellos”
Se entendería del versículo 7 que el motivo por el cual “parecio mal” el asunto fue por el desprecio a la persona de Shemuel Hanaví, y HaKadosh Baruj Hú le contesta: No! Quédate tranquilo con vos está todo bien, conmigo es el problema, a Mí no me quieren.

¿Acaso cabe pensar que una persona sobre la cual Jazal nos dice que es comparado a Moshé y Aharon juntos, no cele por Hashem? ¿Y lo que le preocupe sólo es su propio?
¿Cómo se entendería Moré ésta aparente contradicción?

Como le no-prometí, ahora brindo una breve respuesta que espero sea de aclaración y mayor bendición.

Veamos cómo expresa el texto sagrado el relato, la atenta lectura nos brinda las respuestas:

"Aconteció que habiendo envejecido Shemuel, puso a sus hijos como jueces de Israel.
Su hijo primogénito se llamaba Joel, y su segundo, Abías. Ellos fueron jueces en Beer Sheva.
Pero sus hijos no andaban en los caminos de él. Más bien, se desviaron tras las ganancias deshonestas, aceptando soborno y pervirtiendo el derecho.
Entonces todos los ancianos de Israel se reunieron y fueron a Shemuel, en Ramá, y le dijeron: -He aquí que tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos. Por eso, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.
Estas palabras desagradaron a Shemuel, porque dijeron: ‘Danos un rey que nos juzgue.’ Shemuel oró al Eterno,
Entonces el Eterno le dijo: -Escucha la voz del pueblo en todo lo que te diga, porque no es a ti a quien han desechado. Es a Mí a quien han desechado, para que no reine sobre ellos.
De la misma manera que han hecho conmigo desde el día en que los saqué de Egipto hasta el día de hoy, abandonándoMe y sirviendo a dioses ajenos, así hacen contigo también.
Ahora pues, escucha su voz, pero adviérteles solemnemente y declárales cuál será el proceder del rey que ha de reinar sobre ellos."
(1 Shemuel / I Samuel 8:1-9)

Recordemos que en el verdadero estudio del Tanaj, son los pequeños indicios, las palabras dudosas, los silencios, lo que aparenta incoherencia, etc., suelen ser las claves para la comprensión correcta y exacta del mensaje. Porque el Tanaj es un texto de vida y vivo, no meramente relatos folclóricos o de índole cuasi histórica.

El pedido de los políticos en gran medida era aceptable, estaba dentro de lo que la propia Torá establece como una mitzvá opcional para la nación cuando tomaren posesión de la Tierra.
Según consta:

"Cuando hayas entrado en la tierra que el Eterno tu Elokim te da y hayas tomado posesión de ella y la habites, y cuando digas: ‘Constituiré rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores’…"
(Devarim / Deuteronomio 17:14)

Hay una palabrita que rompe “el esquema” en el pedido de los políticos ante Shmuel.
Mira con atención, atiende, descubre que esa palabrita añadida en el planteo político es lo que probablemente provoca la mayor indignación en Shmuel.

A Shmuel vinieron con un reclamo casi idéntico a la mitzvá opcional de la Torá, pero añadieron lo siguiente: “que nos juzgue”.
Esta palabrita que casi ni se la nota, que parece ser parte intrínseca del pedido, que no contiene en apariencia nada negativo, realmente es problemática.
Porque, según se entiende en el contexto y explican algunos de los célebres exégetas, ellos pedían un rey que también estableciera leyes, que legislara de acuerdo a parámetros humanos, sea a su criterio o al de alguna casta privilegiada, como ocurría con otras naciones de aquellas épocas y lugares. Entonces, la solicitud implicaba algo mucho más extremo que tener una imagen de autoridad, un líder a la vista, un representante político y militar de Dios, en el fondo estaban queriendo romper el yugo de Dios sobre ellos, ser exactamente como las otras naciones, sumisos ante un rey humano, a merced de sus caprichos, esclavizados a las leyes dictadas por hombres y ya no bajo el cetro de Dios.
Shmuel no dejó pasar la palabrita, como solemos hacer nosotros en la rápida lectura del texto. Él la escuchó y comprendió perfectamente. Estas personas estaban planteando algo más que tener un rey, según la propia Torá admite que es admisible para el pueblo judío, su deseo era tener otro sistema de gobierno y otro modo de vida, ya no sincronizado con lo espiritual.
Shmuel sabía que el Shofet, el juez o caudillo, era el que lideraba al pueblo (o una parte de él), y se supone que siempre siguiendo los dictados de Dios, con la Torá como constitución, con las mitzvot como código de justicia.

Entonces, ahora, cuando los políticos vinieron con estos pedidos, él se sintió lastimado.
Pero no en su orgullo.
Pero lastimado ciertamente.
Él sabía que ya estaba viejo y que no viviría por siempre.
Él sabía que sus hijos no vivían según sus criterios, sea que fueran pecadores o no (porque en el Talmud también a ellos se les encuentra forma de disculpar lo que está escrito en negro sobre blanco en el Tanaj).
Él sabía que el pueblo podía solicitar un rey y que esto era un pedido admisible y atendible.
Sí, podría estar dolido por lo personal, porque no le gustaba que le recordaran su vejez, su creciente impotencia, su cercana muerte, la corrupción de sus hijos, su fracaso como padre que modela hijos correctos, que quisieran reemplazarlo por un rey… sí, podría estar dolido por ello… ¿por qué no?
Pero lo que el Tanaj refiere que molestó al profeta fue la palabrita extra: “que nos juzgue”.

Ahí se sintió lastimado, porque estos políticos estaban planeando cambiar el rumbo de Israel, soltar la mano de Dios, vivir como gentiles e idólatras. Preferían la cadena de un rey al brazo redentor pero pesado de Dios.
Que podía haber algo personal, miedo que le sucediera como a su maestro Elí haCohen y familia, que fuera recordado por ser el último de los shoftim/caudillos, que la cosa se saliera de cauce… puede ser, ¿cómo saberlo?
Pero la gota que derramó el vaso fue la intención de desobedecer al Eterno aún dentro de lo que parecía obediencia a Él.
No sé si comprende.

Y Dios, que todo lo sabe, que conoce nuestro corazón incluso mejor que nosotros mismos, le lava la herida, le explica que no hay motivo de ofensa personal, que él, el profeta, está haciendo bien las cosas, que no es culpable directa o indirectamente del deseo de los políticos. Shmuel era grande, un escaloncito por debajo de Moshé en profecía, pero eso no quita que fuera humano, con debilidades, con EGO (ietzer hará), con miedos, con altibajos. También él precisa del abrazo de Dios, de la caricia, del consuelo, del apoyo… ¡no idealizamos! No es un sujeto fabuloso, al estilo de esos “gdoilim” que parecen de cuento, y cuando uno los conoce realmente distan mucho de la imagen que sus fieles retratan. Shmuel era un hombre, con todas las letras, así que nada hay para reprocharlo si tuvo un momento de amargura por motivos personales, por temor al futuro de sus hijos, por sí mismo… ¿por qué no? Igualmente, o quizás precisamente por esto, su grandeza es tal, y no de pacotilla.

El Eterno lo consuela por aquello que le duele, tanto en lo espiritual, como en lo político, como en lo nacional, así como en lo personal. Todo lo ha afectado, y es por ello que la respuesta de Dios no deja ninguno de esos aspectos de lado. Relea el párrafo que cité, vea como el Eterno es preciso y exacto en lo que presenta al profeta.

Así pues, ninguna contradicción, ningún egoísmo, nada de vanidad, ni un traspié hacia el pecado. Simplemente la respuesta de un grande a una gran dificultad que se presenta de manera diversa.

¿^Qué podemos aprender para nuestra vida cotidiana de esta gran lección?

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Netanel

Shalom! Gracias Moré por la pronta respuesta. Pero lamento decir que aún hay algo que no cierra, ya que finalmente el Eterno no lo consuela en nada a Shemuel. Vamos a darle otra vuelta de tuerca y dígame si es esto lo que quizo decir: En realidad el hecho de que el reclamo haya sido contra Hashem no disminuye su gravedad, sino que al contrario, pero el consuelo que el Eterno le da es como dedcirle que él (shemuel, aprovecho para hacer notar el uso de shevá na veatjalat hamilá) no es el responsable del reclamo del pueblo, sino que… Read more »

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