En nuestra búsqueda constante de fortaleza espiritual y bienestar, es fácil caer en trampas que, aunque puedan parecer inocentes o bienintencionadas, terminan siendo contraproducentes. En variados contextos sociales, y particularmente en ciertos entornos jasídicos, hemos presenciado un fenómeno preocupante: el surgimiento del positivismo tóxico. Este concepto, que en principio parece alentador, en realidad puede erosionar tanto nuestra salud física como emocional, y distorsiona la esencia genuina del judaísmo.
¿Qué es el Positivismo Tóxico?
El positivismo tóxico no es más que una versión distorsionada de la idea de mantener una actitud optimista frente a la vida. Aunque el judaísmo valora la esperanza, la gratitud y la confianza en Dios, este tipo de positivismo extremo exige que ignoremos las realidades difíciles, reprimamos nuestras emociones negativas y nos mantengamos siempre en una burbuja de felicidad artificial. Es un falso ideal que no tiene base en la enseñanza espiritual ni en los principios fundamentales de nuestra tradición.
Por ejemplo, ciertas sectas jasídicas modernas promueven la idea de que cualquier expresión de dolor, frustración o tristeza es pecaminosa. Según ellos, si experimentas dudas, luchas internas o dificultades, es porque no tienes suficiente fe o no estás «alineado» con Dios. Esto crea una presión psicológica insostenible, donde las personas se sienten culpables por sus emociones naturales y acaban ocultando sus verdaderos sentimientos, lo que lleva a un desgaste emocional y físico. El origen de estas presiones evidentemente no se encuentra en el seno de las enseñanzas del pueblo judío, sino que proviene de ámbitos supersticiosos e idolátricos que debieran ser evitados por todos aquellos que desean bienestar y salud. Es muy notorio en otras sectas, no solo dentro del judaísmo, que, de hecho, son grupos pequeños y marginales, pero que logran captar con sus mensajes fanáticos y fantásticos a muchos disgregados o en sufrimiento.
El Positivismo Tóxico en la Vida Diaria
- Impacto en la Salud Mental : El positivismo tóxico puede generar ansiedad, estrés y depresión. Las personas que siguen estas ideologías creen que deben estar constantemente sonriendo, mostrando alegría y aparentando una «felicidad perfecta». Esto no solo es inalcanzable, sino que también contribuye a la hipocresía social y personal. No es raro ver casos de personas que aparentan un exterior radiante mientras luchan en silencio contra problemas internos graves.
- Desconexión con la Realidad : La verdadera espiritualidad judía reconoce que la vida incluye momentos de oscuridad y desafíos. El judaísmo enseña que podemos llorar, lamentarnos y buscar consuelo en la oración y en la comunidad cuando enfrentamos dificultades. El positivismo tóxico, en cambio, niega esta verdad, promoviendo una visión irrealista y distorsionada de la vida.
- Presión Social y Religiosa : En algunos círculos jasídicos, quienes expresan emociones negativas pueden ser etiquetados como «débiles espiritualmente» o incluso ser marginados. Esto genera un ambiente hostil donde las personas prefieren callar sus verdaderas experiencias antes que arriesgarse a ser juzgadas o rechazadas.
El Positivismo Tóxico Distorsiona el Verdadero Espíritu del Judaísmo
El judaísmo no es un sistema que ignore los problemas humanos o minimice las emociones negativas. Por el contrario, la Torá y los sabios antiguos nos enseñan a aceptar nuestra condición humana tal como es. Nos invitan a reconocer que somos seres imperfectos, pero que podemos crecer y mejorar a través del esfuerzo y la introspección.
El positivismo tóxico, en cambio, promueve una falsa perfección que no existe en la realidad. Al hacer esto, pierde de vista el objetivo central del judaísmo: cultivar una relación genuina con Dios basada en la honestidad, la autenticidad y el amor propio.
La Verdad sobre el Positivismo Verdadero
El verdadero positivismo judío no es ignorar la realidad, sino encontrar esperanza y significado incluso en los momentos más oscuros. Nos enseña a abrazar nuestras emociones, a buscar guía divina en tiempos de incertidumbre y a fortalecernos a través de la comunidad. En lugar de fingir una felicidad que no sentimos, debemos permitirnos ser vulnerables y compartir nuestras luchas con aquellos que pueden ofrecernos apoyo.
Conclusión
El positivismo tóxico no es una herramienta de crecimiento espiritual; es una trampa que puede llevarnos a una vida superficial y desequilibrada. En lugar de buscar una falsa perfección, debemos centrarnos en lo que realmente importa: la autenticidad, la empatía y la conexión genuina con Dios y con los demás.
Recuerda que, según la sabiduría judía, la verdadera fortaleza espiritual no reside en la ausencia de emociones negativas, sino en la capacidad de enfrentarlas con coraje y transformarlas en oportunidades de crecimiento. Así, podemos vivir una vida plena y auténtica, que honra tanto nuestra humanidad como nuestra conexión con lo divino.
¡Que nuestro camino sea siempre uno de verdad, integridad y equilibrio! 🌟
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