Inventando sentidos

Entre las funciones maravillosas de nuestro cerebro está la de establecer asociaciones entre elementos diversos.
Es un mecanismo de adaptación muy provechoso a la hora de manejarse en el mundo, para encontrar alimento, percibir depredadores, acechar presas, en resumen, para sobrevivir.
El individuo que no está atento a los indicios y no asocia con fuentes de alimento, con peligros, con ataques, etc., dudosamente puede subsistir en condiciones “naturales”.
Si olemos el humo y no lo asociamos con el incendio, si vimos la huella del tigre y no le dimos importancia, si escuchamos el crepitar de la hojarasca y desconocemos lo que puede estar escondido entre los ramajes, sin dudas que estaremos en riesgo. Lo mismo si salimos de caza y no percibimos o decodificamos las señales e indicios, o si estamos necesitando de abrigo o refugio y somos incapaces de clasificar objetos y lugares.
Recuerda la imagen de los suricatos, en donde se turnan para protegerse, para descubrir peligros, para dar la voz de alarma, etc. Ahí los tienes, atentos, activos, despiertos, en constante vigilancia alternada, recabando información y cotejándola en instantes para formar una impresión del mundo que les dé seguridad.

Pero, encontramos también un mecanismo muy similar, quizás una exageración del anterior, que a veces puede ser también de extremo provecho, tal como es el de inventar nexos allí en donde no existen, suponer que todo es causal sin opción de casualidad, asegurar que todo tiene un sentido oculto a la espera de ser revelado
Es típico del hombre.
Se le ha dado nombre: apofenia. Tiene hermanitos, tales como el sesgo de confirmación y la pareidolia, entre otros.
Puede ser útil cuando se emplea creativamente, elaborando novedosas estrategias, ideando métodos para desarrollar viejas actividades, para explorar lo ignorando, entre otras ventajas.
Pero, es más frecuentemente fuente inagotable de errores, de equívocos, de dramas.
De hecho, comparte mucho terreno con patologías siquiátricas.
Y sí, es el mecanismo que da origen a la superstición.

Queremos encontrar sentido al mundo, si no lo tiene, si estamos limitado para percibirlo, si perdimos el rastro real, entonces nos apañamos para inventarlo.
Ese sería el resumen.

Por supuesto que el EGO emplea estos maravillosos mecanismos para sus fines, recuerda que el EGO tiene base neurológica, no es un ente espacial o espiritual revoloteando en el mundo etéreo.
Al desconectar a la persona de la percepción de la realidad, como uno de sus instrumentos básicos, o para lograr esa desconexión, es corriente que se valga de las explicaciones supersticiosas, muchas veces reverenciadas como dogmas sagrados, verdades reveladas, doctrinas aceptadas por la religión, creencia refrendada en el número de seguidores, el propio convencimiento, etc.

Entonces, se fabrican mil y una interpretación, se delira realmente con explicaciones que tratan de llenar el hueco de sentido de alguna conducta, creencia, costumbre, sentir, etc.
Te podría mencionar decenas de tales que he escuchado muchas veces en boca de personas judías ortodoxas, o que son “tradicionalistas”. Verdaderos inventos basados en humo, sin apoyo histórico, sin validez lógica, sin ningún sustento más que “lo dijo tal rabino”, “lo leí en cual libro”, “eso es lo que hacemos aquí”, “Dios quiere y no comprendes”, entre otras “explicaciones”.
Un ejemplo, el no cortar el cabello de los hijos hasta los tres años de nacido. Sabido es que es una costumbre de origen pagano que se ha introducido modernamente en algunas facciones judaicas. Rápidamente se elaboran referencias, se anulan críticas, se agrede al que cuestiona, se entroniza como “mandamiento” casi que a la par de los dados por Dios. Sí, uno pasa a ser un “hereje” si no actúa según la moda supersticiosa.  Como este, sobran los ejemplos. Al caso, en algunas festividades judías, o previo a ellas, algunos comen Kreplaj. Según se puede constatar es una costumbre originada en Europa, a semejanza de las costumbres locales. Pero no tardaron los que elaboraron barrocas teorías sobre la santidad de tales alimentos, sobre los signos favorables de comerlos, sobre los significados cabalísticos-jasídicos de ingerirlos… siendo no más que costumbres copiadas a los vecinos gentiles… pero bueno, al tiempo aparecen los fedayines que para defender sus creencias, a sus maestros, su estilo de vida supersticioso, también inventan que fueron los vecinos los que copiaron a los judíos en sus alimentos.
¿O qué decir de la costumbre de disfrazarse en Purim? Ésta fue tomada de los carnavales italianos, pero al rato aparecieron los que asociaron con la reina Ester ocultando su origen, o a Dios oculto en el relato del Tanaj, o que es símbolo de… cuando fue originada en la tradición pagana de los vecinos de los judíos muchos siglos, un par de milenios después de los acontecimientos narrados.
Por saber, o sospechar, su origen real, ¿dejaré tal o cual costumbre? No lo sé, depende. Pero sin dudas no asumiré que es algo “sagrado”, irrenunciable, mandato divino, o seguiré como necio vocaciones supersticiosas cuando el hombre debe trabajar para librarse de toda superstición, de toda. 
En fin, sobran los ejemplos, tanto de costumbres judías, como familiares, como locales, como de todas las provincias, religiones, culturas, estamentos, etc. 
Si esto pasa entre gente que trata de mantenerse apegada a una vida virtuosa, ¿cuánto más cuando se permite que el EGO haga estragos en la mente, en las emociones, en las valoraciones morales, etc.?

Es normal pretender encontrar sentido a las cosas, buscar asociaciones, tratar de correr el velo del misterio.
Pero cuando esto se hace para satisfacer al EGO, en cualquiera de sus modalidades, entonces se pasa al lado de lo enfermizo, a lo que esclaviza y no a lo que brinda de plenitud a la persona.

Entonces, lo mejor es estudiar con calma, con paciencia, con humildad. No dar por sentada las cosas, aunque las diga X persona, aunque te parezca razonable, aunque 1.000.000.000 de seres lo crean, aunque tú tienes fe en ello. Estudia, recapacita, analiza, coteja, vuelve a analizar. Mientras vivas de forma buena y justa, siendo leal a lo que te corresponde por derecho, entonces no tienes porqué correr detrás de las modas, de las banalidades, aunque sean ofrecidas con explicaciones rabínicas o sortilegios cabalísticos.

Da para mucho más este tema, pero con el deseo de hacerlo comprensible para el amplio público, lo dejo por aquí.
Si conoces otros ejemplos, del mundillo judaico o general, por favor compártelos en la zona para los comentarios, aquí debajo. Si tienes algo útil que aportar, coméntalo.

Para construir shalom es necesario des-aprender infinidad de cosas, así estaremos capacitados para aprender realmente y actuar en unidad, en armonía, en salud y bienestar.

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