Para sacarte de tu MITZRAIM*

«Entonces Moshé [Moisés] y Aarón vinieron al faraón y le dijeron: -el Eterno, el Elohim de los hebreos, ha dicho así: ‘¿Hasta cuándo rehusarás humillarte ante Mí? Deja ir a Mi pueblo para que Me sirva.»
(Shemot / Éxodo 10:3)

«Entonces los servidores del faraón le dijeron: -¿Hasta cuándo ha de sernos éste una trampa? Deja ir a esos hombres para que sirvan al Eterno su Elohim. ¿Todavía no te das cuenta de que Egipto está destruido?»
(Shemot / Éxodo 10:7)

Te presento a continuación una herramienta provechosa para tu bienestar.

Alteración
A cada instante ocurren sucesos que alteran nuestra percepción, puede que sean en nuestro mundo interno (un recuerdo, fantasía, anticipación, idea, preocupación, deseo, etc.) o en el externo (escuchamos, vemos, tocamos, nos impacta, actuamos, etc.).
Algunos son terribles, otros mínimos.
Están los reiterados y aquellos ocasionales e infrecuentes.
Los que surgen sin anticipación así como los esperados.
Aquellos que nos producen bienestar y los que nos amargan, los que nos benefician y los que nos agreden.
De los que poseemos algún control así como los que por completo nos exceden en dominarlos.
Es la vida con todas sus circunstancias.

Clasificación y sistematización=> hábito
Desde el nacimiento vamos los sucesos, clasificándolos, adoptando posturas y reacciones ante ellos. Para algunos reaccionamos automáticamente de manera natural, involuntaria, pues contamos con instrumentos reactivos en nuestro ser. Otros dependen también de nuestras experiencias y aprendizajes los cuales nos permiten automatizar respuestas, reducir la sorpresa, minimizar la ansiedad, contener el gasto superfluo de energía; siendo que esas respuestas sean las acertadas y resolutivas, o no.
En un principio, el trabajo ocurre lentamente pues no contamos con la capacidad neurológica; pero luego, es una corriente a gran velocidad, absorbemos datos, estructuramos nuestro mundo interno/externo, nos vamos armando en tanto armamos nuestro entorno. Tras unos pocos años de vida, volvemos a un paso cansino, donde pareciera estar la mayoría de las cosas encajonadas y las que no lo son provocan una ruptura; o son rápidamente metidas en una caja conocida; o se las hace desaparecer de la conciencia, como si no hubieran existido.

Las conductas repetidas forman un hábito, que es una segunda naturaleza que se expresa de manera automática, sin elección consciente. Sin pensarlo respondemos de acuerdo al programa que hemos ido fijando en nuestra memoria (evocativa o corporal).
Los hábitos tienen una gran fuerza y continuidad, por lo cual, al consolidarse suele ser trabajoso el proceso para modificarlos.

Esquemas mentales
Estamos motivados internamente para elaborar sentido, descubrirlo, inventarlo.
Con los hechos a disposición, sean pocos o suficientes, tendemos a diagramar en nuestra mente el paisaje completo. Son esquemas mentales, que se apoyan en los hábitos, en los mandatos externos asumidos, en las obligaciones comprometidas, en los temores. A su vez, los esquemas mentales se llegan a transformar en los hábitos del pensamiento, para beneficio o detrimento del ser y entorno.

Con estos esquemas mentales se trata de explicar lo que nos sucede, sea de forma racional o no; sea una interpretación correcta o desacertada. Las creencias irracionales suelen no estar basadas en evidencia. Más bien son extremistas, exageradas, exigentes para con nosotros mismos o con los demás, lo que nos puede provocar tanto sentimientos como conductas destructivos. O son muy indulgentes, carentes de sostenibilidad.

Celdita mental
Las respuestas no saludables también se van sistematizando y automatizando, aunque no brinden solución real, pues aportan una falsa sensación de seguridad, de control aún dentro del caos que ayudan a mantener.
Si bien se desperdicia energía en sostener situaciones erróneas, por no resolverlas adecuadamente; si bien se mantiene el sufrimiento, por estar fuera de foco y en desarmonía; igualmente la respuesta engañosa anestesia, conforta en la celdita mental que construyó.
Es una prisión, porque encierra a la persona en un esquema de ideas, que brinda cierta comodidad: la de no tener que pensar, la de no hacerse responsable y a cargo de resolver las cosas. Pero esa comodidad se paga a un precio terrible, el cual es el continuar mal, desgastarse en situación de infelicidad, desperdiciar energía en preservar aquello que no sirve y lastima.

Reacción al sentimiento de impotencia
Hay que tomar en cuenta que muchas de las reacciones irracionales parten del EGO, un sistema natural del ser humano que se dispara en situaciones de impotencia. Sea la impotencia real, o solamente imaginaria, el EGO dispara sus herramientas para intentar que la persona sobreviva a la situación estresante. Puede ser llanto, grito, pataleo, cada una por su parte o mezcladas, o algunos de sus acciones derivadas. También puede ser la desconexión de la realidad, con cualquier de sus formas derivadas.
También estas conductas al reiterarse generan hábito, provocando que la persona al estresarse automáticamente reaccione con lo que su hábito le provee, acciones que son irracionales, impensadas, faltas de contexto, y que sumergen en mayor sentimiento de impotencia a quien las emplea; o pueden ocasionar situaciones de conflicto, agresividad, incomunicación, manipulación, dando la apariencia de una resolución efectiva pero que en realidad no lo es.

Secuestro
El influjo emocional queda atrapado por el EGO, actuando de acuerdo a hábitos erróneos; lo que a su vez suele secuestrar al pensamiento, llevándolo a trabajar para excusar acciones negativas, justificar perversiones, exculpar el mal; por incapacidad de salir de la celdita mental y también como mecanismo de aparente protección, puesto que se trata de evitar lo que se teme, o lo que se presume será una nueva ocasión de sufrir impotencia.

Tela de araña
Llegados a este punto podemos comprender que estamos entreverados en una tela de araña que hemos tejido cada uno de nosotros y que los demás también tejieron.
Ante las alteraciones continuamos reaccionando a través de nuestros esquemas mentales.
Como si estuviéramos sometidos a una programación computacional, que nos marca los pasos a dar de acuerdo a los inputs que recibimos, de fuera o dentro. La gama de respuestas manejables se limita y reduce, no abarcando todas las posibles, porque estamos restringidos por nuestros pensamientos/creencias.

Elementos de un camino alternativo:

  1. Cuestionar, preguntar, dudar, criticar sanamente, no dar nada por sentado, consultar con expertos pero no adorarlos ni a sus respuestas, no prejuzgar.
  2. Pensar de tres a cinco respuestas diferentes para cada alteración y luego escoger la que racionalmente parece mejor.
  3. Contextualizar, no quedarse pegados al punto oscuro que no está atormentando sino apreciarlo en relación a la gran manta blanca que lo rodea.
  4. No pretender controlar todo, sino solamente aquello que realmente está en dominio. El resto, dejarlo fluir sin apegarse a deseos irracionales.
  5. Comunicación Auténtica.
  6. Agradecer. Entre lo que se incluye el rezo, pero no solamente se ha de agradecer al Eterno.
  7. TESHUVÁ.
  8. Reenfocar el pensamiento, no rumiar ideas, ni dar vueltas en círculos a determinados asuntos, ni dedicarse a lo que no reporta beneficios.
  9. Ayuda desinteresada al prójimo que lo amerite.
  10. Construcción de SHALOM, por medio de acciones/palabras/gestos de bondad y justicia.
  11. Paciencia y humildad.

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(* MITZRAIM es el nombre de Egipto en hebreo. Se asocia a la voz TZAR, angosto, porque era el lugar de la angustia, de la opresión, de la limitación asfixiante impuesta por el hombre sobre el hombre).

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