Parashat Behar 5768

Shabbat: Iyar 12, 5768; 17/5/08

 

 

Un comentario de la Parashá Behar (Vaikrá 25:1 – 26:2)
*El interés de tu dinero*

¡Shalom!
¡Qué bueno que sigamos juntos en esta experiencia de aprender acerca de nuestra Torá!

Esta semana nos corresponde la lectura de una breve pero intensa parashá, que está nutrida de mandamientos que tienden a mejorar la vida personal y de la sociedad.

Por ejemplo queda establecido que:

«Si tu hermano se empobrece y se debilita económicamente con respecto a ti, tú lo ampararás; y vivirá contigo como forastero y advenedizo.

No le tomarás usura ni intereses; sino que temerás a tu Elokim, y tu hermano vivirá contigo.

No le prestarás tu dinero con usura ni le venderás tus víveres con intereses.

Yo soy el Eterno, vuestro Elokim que os saqué de la tierra de Egipto para daros la tierra de Canaán y para ser vuestro Elokim.»
(Vaikrá / Levítico 25:35-38)

No es lícito que un judío preste dinero a otro por interés, sino que, en caso de prestarle, lo hará sin compensación alguna.
La misma cantidad que prestó es la que recibirá nuevamente.

Muchas han sido las dudas y confusiones con respecto a esta normativa, permíteme extraer un comentario del gran sabio, Rabí S. R. Hirsch:

«Es normal que el hombre se sirva de sus bienes, de sus animales, de la casa que le pertenece para ganar los ingresos para su existencia.
Esto se lo puede conseguir de dos maneras:
directamente, viviendo en su casa, poniendo a trabajar sus máquinas para sí, y sus animales para laborar sus campos;
indirectamente, alquilando su casa, poniendo sus animales a la disposición de otros mediante una retribución justa, etc.

En consecuencia, lógicamente, no existe ninguna razón de peso para excluir de esta serie de objetos generadores de dividendos al dinero propiamente dicho: «yo no presto una casa, sino dinero, en lugar de alquilar mi casa, alquilo mi dinero».

¿Qué cosa puede ser más razonable (excluyendo toda usura) que exigir un alquiler, o dicho de otra manera, un interés?

Además, los intereses constituyen a menudo la simple reparación por una pérdida experimentada por el propietario del dinero, que surge del hecho de poner su dinero a disposición de otro. Durante cierto tiempo la suma prestada podría haberle generado beneficios, que ahora son para otro. Sería normal un resarcimiento equivalente, un interés por el dinero prestado.

En resumen, parecería que cobrar intereses no estaría reñido con los principios morales de la ética humana.

Sin embargo, la Torá exige de una manera absolutamente categórica la renuncia total a cobrar intereses. Se entiende con esto que no se establece un acto a partir de los principios morales generales, sino un deber de solidaridad y ayuda mutua, llevado hasta el extremo, que debe encontrar una aplicación inmediata en el interior de la Nación Judía.

Es evidente que si pudieran establecerse relaciones internacionales sobre la misma base estaríamos obligados a amoldarnos también a este mismo principio en nuestras relaciones con las personas gentiles.
Pero, mientras tanto, sería contrario a todo espíritu de justicia querer imponer solamente a los judíos el préstamo sin interés en las relaciones internacionales, al mismo tiempo que está obligado pagar intereses a sus acreedores no judíos.

El objetivo constante de la Torá ha sido, mediante la ejecución integral de este principio en el interior del círculo judío, despejar el camino que debe surgir de una sociedad estrictamente establecida sobre la protección de los intereses individuales (justicia conmutativa) hacia una sociedad de carácter de ayuda mutua y de verdadera solidaridad (justicia distributiva).
El dinero será entonces, no el medio de ascender al poder, sino el instrumento eficaz para contribuir al bienestar general y al establecimiento de un bienestar universal».

Según nos enseña nuestra Tradición, el peor enemigo es el Ego.
Cuando aprendemos a moderarlo, a canalizar su energía, a transformar en positivos sus reclamos, estamos liberando nuestro ser y promoviendo un cambio favorable en la sociedad.
La mejor manera de quebrar el Ego es por medio de la generosidad, de la solidaridad, del verdadero acto bondadoso y desinteresado hacia el prójimo.
Cuando aprendemos que el dinero es una herramienta más para la construcción de un mundo mejor, entonces estamos avanzando un gran paso hacia la Era Mesiánica.

¡Te deseo a ti y a los tuyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Qué sepamos construir shalom!

 

Moré Yehuda Ribco

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Otros comentarios de la parashá, resumen del texto, juegos y más información haciendo clic aquí.

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