Los prejuicios cognitivos y la irracionalidad judeofóbica III

ZAJRENU ET-TZIÓN
(ACORDANDONOS DE TZIÓN)
Los prejuicios cognitivos y la irracionalidad judeofóbica III

En esta ocasión voy a presentar los prejuicios cognitivos que se desarrollan como prejuicios sociales y que, para el caso que nos interesa, veremos cómo operan en la mentalidad judeofóbica. Cabe aclarar, como creo que ya lo he dicho en las otras entregas de esta serie que hace parte de Zarjenu et Tzión, que estos son conceptos de la psicología cognitiva y se han aplican sobre todo a la manera en que los seres humanos conocemos y comprendemos el mundo que nos rodea. En mi caso particular, como docente en un programa universitario de Comunicación Social y Periodismo los empleo para que los estudiantes sepan distinguir como actúa su mente y que obstáculos cognitivos se presentan en el momento de hacer una investigación.

Lo primero será definir que es “prejuicio social” y es muy sencillo puesto que básicamente consiste en tener una opinión o idea de una colectividad o sobre un miembro de un grupo sin realmente conocerlo y en consecuencia emitir juicios con presunciones de verdad. Entendido así este concepto, sin duda alguna es fácil apreciar cómo ha sido cruelmente practicado con los judíos como personas y colectividad y con la falsa idea del judaísmo que muchos tienen y comúnmente atacan los ignorantes (judíos o no, cabe aclarar) sin conocer realmente lo que en sí significa, cuál es su mensaje y su propósito.

Por regla general los prejuicios sociales se formulan verbalmente como expresiones simplonas, producto de la falta de investigación y conocimiento, afirmando saber lo que claramente no han buscado o lo que han querido comprender. Y cuando se hace esa investigación queda por completo condicionada por las apreciaciones erradas que forman, como ha escrito el Moré Ribco en varios post en serjudio.com, ‘celdas mentales’ en las que se enfrascan y desde las cuales formulan su limitada visión de mundo.

Ejemplo triste y de valor literario ínfimo, es este párrafo del pérfido libro “El Judío Internacional”, supuestamente escrito por Henry Ford, el magnate automotriz estadounidense y promotor en su país del nazismo y financiador del Tercer Reich. Leamos un pasaje infame, entre los muchos que pueblan ese libro:

El judío constituye un enigma mundial. No obstante ser su masa pobre en absoluto, domina, empero, el mercado económico y financiero del mundo entero. Viviendo sin patria, ni gobierno, es decir, en la dispersión, demuestra, empero, una unidad nacional y una tenacidad no alcanzada por pueblo alguno. En la mayoría de los países, salvo restricciones, supo convertirse en el soberano efectivo, al amparo a veces de los patronos. Dicen antiguas profecías, que los judíos retornarán a su vieja patria, desde cuyo centro geográfico dominarán a la totalidad de los pueblos, no sin antes haber resistido el combinado al mundo de las naciones del mundo entero.

Epitome de la judeofobia y del prejuicio social que ha oprimido al judaísmo durante siglos. Si estuviera vivo el autor yo le preguntaría: ¿El judío, así con el artículo determinado, es un enigma? ¿Por qué señor Ford? ¿Para usted? Pues parece que no por que después se desmanda describiendo al “judío” y sabe hasta interpretar las “antiguas profecías”, que entre otras, ¿cuáles serán? ¿Me las menciona? Pues no las menciona en su libro, para el siempre son eso, “antiguas profecías”. Y además, ¿cómo un pueblo pobre es la a vez el que domina el mercado económico y financiero del mundo entero? Incoherencias de la ignorancia. Y ni crean que Ford responde esta pregunta en su desdichado libro, lo máximo que hace es agarrar bobos crédulos que no saben ni un poquito de como en verdad se mueve la economía, el más famoso de ellos Adolf Hitler, a quien le deseo una buena y grande temporada en el Gueinom.

Pero bueno, pasemos a lo que quiero exponer aquí e iniciemos con seis prejuicios cognitivos de tipo social que son de carácter atributivo. Las expondré de la misma manera que hice en el post anterior a éste (http://serjudio.com/lugares/israel/los-prejuicios-cognitivos-y-la-irracionalidad-judeofobica-ii), presentando el concepto, luego haciendo un breve comentario al que, si es necesario, agregaré una cita para reforzar la idea.

1) Sesgo atributivo: sesgo que afecta al modo en que se atribuyen las acciones.

Es decir, cuando un grupo o alguien que no es de nuestro agrado o poco nos simpatizan, cualquier acción que ejecuten será siempre vista como el resultado de algo malo, dañino o cuestionable. Al judío, como entidad abstracta que domina el terror del antisemita, siempre se le atribuye algún motivo pernicioso para sus acciones: si hace algo bondadoso, es por interés: como cuando se ayuda a palestinos en los hospitales y muchos, para empañar el acto, argumentan que es con fines experimentales a fin de matarlos más rápido o de inocularles enfermedades, como el VIH/Sida u otras. Si un judío roba, es porque así era Judas, el ladrón entre “los doce apóstoles”. En definitiva, todo lo que haga tiene un origen maligno. ¿Y de dónde habrán sacado tal idea? ¿de dónde se las habrán ingeniado para encontrar el origen del mal que nos atribuyen? Pues de su maestro, el siniestro Jesús, el patrón de los vanagloriosos, el diosecillo con ínfulas de Mesías, que dijo y a lo mejor ni dijo las siguientes venenosas palabras que se conservan en el Nuevo Testamento, más exactamente en el evangelio de Juan 8:44:

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer; él ha sido homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira.

Ese “vosotros” tal como traduce la versión Reina el término griego imeis es en su contexto dicho a los judíos. ¿Y que se supone que era él, marciano? Jesús, el envenenador del agua del monoteísmo que al judaísmo le ha tomado dos mil años limpiar –y ya lo estamos haciendo cada vez mejor- le debemos el que mucha, pero muchísima gente pensara lo que se ha llegado a creer sobre el pueblo judío.

Los dos tipos de prejuicio social que vienen ahora los expongo seguidos, pues se deben explicar en conjunto dada su afinidad, y luego los comento:

2) Sesgo de actor-observador: tendencia a explicar los comportamientos individuales de los demás enfatizando la influencia de su personalidad y desestimando la influencia externa o de la situación.

3) Efecto de sobreatribución: tendencia o disposición de sobredimensionar los motivos personales internos a la hora de explicar un comportamiento observado en otras personas, dando poco peso por el contrario a motivos externos como el rol o la situación, para este mismo comportamiento.

En el caso que nos compete, la judeofobia que subyace a las críticas contra Israel como nación e identidad, esto se hace patente cuando en la oposición que los detractores antismenitas hacen y refuerzan entre lo judaico y lo gentil, presentan a estos últimos como las pobres víctimas de las circunstancias externas, circunstancias que, cabe decir, en la mente conspirativa están claramente manipuladas por los judíos, desde luego; así sí un país está pasando por una crisis económica lo más fácil es culpar a los “banqueros judíos que dominan el comercio” y no percatarse y responsabilizarse por los verdaderos causantes de las desgracias de sus pueblos: los corruptos y el despilfarro.

En cambio sí un judío tiene fallos, ‘pecados’ o faltas, es porque esa es su condición, porque esa es su esencia, está en su naturaleza ser así. Si tiene aciertos –como por ejemplo los grandes avances científicos israelíes o la gran cantidad de Premios Nobel- es porque el judío o el Israelí sacaron ventaja, porque el Lobby judío lo favoreció o porque quieren hacer quedar mal a los goim (gentiles). Lo que de paso me recuerda la anécdota de un pobre hombre que siendo joven no pudo entrar a una prestigiosa academia de música y se lamentaba insultando al judío que sacó el primer puesto en particular y a todos los judíos en general porque evidentemente se trataba de una conspiración judeo-sionista, y cuando se le pregunto ¿y que puesto sacó usted?, el muy tonto contestó con la respuesta que tenía que haberse restregado en la cara: “el veinte”. La lección de esa anécdota, habla por sí sola. En fin, ni falta que hizo ese genio en esa academia.

4) Efecto Forer: tendencia a dar una alta nota de precisión o asentir y confirmar la finalidad de las descripciones que de su personalidad se hacen cuando éstas están hechas a medida y específicamente para ellas.

Si bien este tipo de prejuicio está indicando una situación mental en la que caen engañados los que confían en horóscopos, ‘santos’, agoreros y demás mercachifles de la ignorancia al sentirse definidos y al ser descritos con aquellas ideas que les gustan personalmente y que confirma las –por lo general- falsas ideas que ellos tiene sobre sí mismos, es también aplicable para describir esa situación en la que algún antisemita o un antiisraelí pretende definir algo propio del pueblo judío. Es decir, cuando la descripción del judío, cumple con sus cánones mentales prejuiciosos, entonces esa y solo esa definición es verdadera y autentica. Si algún reparo o una objeción se hace a dicha definición –más aun viniendo de un judío- debe ser descartada por que necesariamente debe ser falsa. Para ilustrar lo anterior leamos la siguiente apreciación que tiene la web neonazi Metapedia de lo que suponen ellos es el Talmud:

Y el Talmud no es otra cosa más que un conjunto de disposiciones y reglas de conducta, de muy obligado y severo cumplimiento para el judío, en donde lo religioso no es materia única, y más bien seundaria (sic); en donde todo está en abierta contradicción con la moral cristiana, y en donde todo aparece escrito y con la suficiente claridad, acerca de la consideración y el posible asesinato de los goim, los no judíos.

Sin detenerme a comentar la terrible redacción si se opusiera a esta pretendida apreciación del Talmud una proveniente de una persona no prejuiciada por sus ideas sobre los judíos, ¿creen que los redactores de la Metapedia la aceptarían? Sin duda no, pues no confirmaría lo que ellos quieren saber. Para despercudir los ojos y limpiarles el cerebro luego de semejante cita maligna, incluyo otra, esta vez de alguien que sí conoce el Talmud para que contrastemos los textos. Comenta Baila Olidort (tomada de: http://www.tora.org.ar/contenido.asp?idcontenido=1552):

El Talmud. Completado hace unos 1500 años, es el resultado de siglos de eruditos esfuerzos por comprender e interpretar la Torá. Significando literalmente “estudio”, el Talmud, o Ley Oral, es el reservorio de toda la sabiduría judía, de su filosofía, ley, historia y leyenda. Mediante su peculiar dialéctica, vivaces discusiones, argumentos y contra argumentos, el Talmud es un texto vivo, que desafía la fibra intelectual de sus estudiantes.

5) Prejuicio de etiquetación (Prejuicio de clases): prejuicio cultural que se produce cuando una etiqueta o señal de diferenciación está disponible o es visible para describir algo que introduce una diferencia en nuestra habilidad física, cultural o personal que algunos pueden aprovechar y que no tiene por qué existir.

Es quiere decir que no se puede atribuir toda una cultura a un solo individuo representante de ella; es como creer que todos los japoneses tienen que saber karate o que todos los mexicanos tienen que oír rancheras, o que todos los españoles son aficionados a la tauromaquia. En el caso del judío, es pensar que todos tienen que saber hebreo, o saber que es el Talmud, o ser unos practicantes totales de las mitzvot, o usar peyot; o en la visión negativa, que todos los judíos son usureros, ricos, machistas y no sé cuántas fealdades más.

6) Prejuicio de homogeneidad de los demás: individuos perciben a su grupo como más variado, diferente y rico en contraste que los pertenecientes a otros grupos, los cuales son considerados homogéneos.

Este último caso, opera de manera muy similar a la anterior, pero la diferencia estriba en cómo se percibe a su propio grupo en contraste con el del otro; el judaísmo, que por siglos ha sido visto como el “otro” de todos los pueblos, es visto –según e constatando por experiencia propia- de una manera terriblemente homogénea, muchas personas piensan que el judío es y debe ser así y sólo así, de una manera predefinida por su imaginario, llena de estereotipos que refuerzan los prejuicios judeofóbicos: así si no ven una barba larguísima, si no ven a un “narigon”, si no ven que vista una levita negra sobre camisa blanca, si no tiene apellido “alemán”, si no parece “turco”, si lo ven sin dinero y otras tantas supuestas señas de identificación, entonces no es judío.

Por ignorancia buscada las mayoría de personas no saben que en el judaísmo hay personas de todo tipo de color de piel, con diferentes tradiciones culturales, de varias tendencias políticas y “religiosas”, que los hay ateos, que los hay pobres y adinerados, que los hay inteligentes y otros no tanto. En fin, no saben que el judaísmo es variado como una selva llena de colores a ojos del nativo y no esa malsana imagen de aburrido verde omnívoro que le adjudican aquellos que ni siquiera la han visitado.

En la próxima entrega presentaré las falacias lógicas aplicadas a la judeofobia subyacente a la crítica antisionista.

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