Abrazar el alma del prójimo

Hemos trabajado el cardinal tema de la Comunicación Auténtica en varias ocasiones, quisiera retomarlo ahora y sumarle algunas pautas para su clarificación.
Ten en cuenta que estas pautas no constituyen un manual sagrado que debe ser seguido a rajatabla, sino que son elementos probados y estudiados y que suelen perfeccionar el difícil arte de la comunicación. Si tú encuentras modos que te funcionen, si tus relaciones sensibles están plenos de comunicación, si no te sientes falto de atender o ser atendido, entonces lee estas líneas para tu conocimiento pero sin obligación para que las tomes para ti.
Estos son modelos conocidos, ensayados, que sirven especialmente a la hora del encuentro con el prójimo, cuando es necesario conectarse de alma a alma.
Pueden ser provechosos también para esos momentos en lo cuales se habla por hablar, por el mero placer de escucharse, de contar, de compartir fantasías o cuentos, etc.; pero, su primera intención es a la hora del encuentro con el prójimo, particularmente en las relaciones sensibles, sea entre los cónyuges, padres e hijos, amigos necesitados de un oído amigo, etc. Para el momento en que el otro quiere abrir su alma para que sea abrazada por otra alma.

1- Atiende al otro.
Deja que el otro hable.
Pon toda tu atención en el otro, en sus palabras, en sus gestos, en sus ojos, en sus entonaciones, en sus ritmos, en sus silencios.
Deja de pensar qué decir, qué contar, qué retrucar, qué responder, para simplemente dejarte llevar por el otro y su discurso.
Te aseguro que no es nada fácil dejar flotar tu atención y al mismo tiempo enfocarla en el otro y lo que quiere expresar.
Es ponerse en el rol del receptor, sin mostrar lo de uno sino solamente recibir lo del otro.
Por esto, no estarás apurado en hablar, ni saltarás enseguida con ideas o frases.

2- Atiende a tus emociones.
La pauta anterior era atender todo lo del otro, ahora te añado que atiendas a tus emociones.
Comprende bien, a tus emociones y no a lo que piensas acerca del otro, de lo que dice, de lo que te parece, de lo que harías en su lugar, de lo que te enseñaron al respecto de lo que te cuenta… nada de eso, atiende a tus emociones.
¿Cómo te hace sentir lo que el otro te cuenta?

3- Respeta sus sentimientos.
No menosprecies el sentimiento que el otro siente o te expresa.
Si sufre, sufre.
Si le duele, le duele.
No minimices lo que siente, sino que acéptalo aunque quizás no compartas.
Es totalmente contraproducente disparar lemas tales como: “pero eso no es nada”, “no sufras, es para bien”, “ah, todo lo que Dios hace es para bien”, “yo en tu lugar no me sentiría tan mal”, o lemas huecos por el estilo.
Aceptemos el sentimiento del otro, aunque no tienes porque compartirlo.

4- No cambies de tema.
Si estás en función de escuchar al otro, entonces deja que sea él quien lleve la línea de las temáticas.
Tú puedes preguntarle, mencionarle algún aspecto dentro del tema que él te expone, pero no saltar hacia otro asunto.
Aunque te aburras, te dé miedo, te avergüence, te enoje, te canse, si estás en el “modo escucha”, entonces escucha.
Como estarás atendiendo a tus emociones, sabrás que las mismas están vibrando de acuerdo a lo que estás experimentando en la relación, por lo cual es un dato importante a tener en cuenta para comprender al otro y ampliar así la comunicación.

5- No juzgues al prójimo.
Toma lo que te está diciendo sin emitir juicios, sin darle puntos en tu lista moral.
El otro no está volcando su corazón para que lo sentencies, o lo ayudes a enjuiciar a otro, sino que está vinculado a ti para sentirse bien.
Algunas personas están acostumbradas a vivir enjuiciando a otros, criticoneando, y como que esperan recibir también veredictos; no lo hagas.
No es el momento de actuar así.

6- No diagnostiques la situación.
No cierres la conexión con diagnósticos de lo que pasa, de cómo anda la sociedad, de lo terca que es la gente, etc.. No des tus conclusiones. No obtures la comunicación dando un veredicto de la realidad.
Escucha y atiende.

7- No critiques.

8- Estate abierto a recibir sus críticas acerca de ti.
Si nos quiere criticar, que nos critique.
Le admitimos lo que nos dice, son sus sentimientos, sus ideas, sus fantasías y las aceptas como tales.
No estás para cambiarlas, ni para juzgarlas, ni para darle clase, ni para vencer en una disputa entre ambos.
Escuchas, atiendes, admites que eso es lo que lleva dentro, pero eso no quiere decir que el otro tiene razón o que debemos acatar su forma de ver las cosas.
No es el el momento de que el otro cambie su mirada o sentir.
Es el momento de ser receptivos, aun de lo que nos desagrada y nos parece injusto y falso.
Llegará el tiempo de aclarar las cosas. A veces se aclaran por el mero hecho de decirlas criticas y que sean admitidas. A veces es lo que el otro necesita, sacar un poco de basura de su interior y no recibirla de vuelta y multiplicada por nuestra respuesta defensiva/agresiva.
No retrucamos para ganar la partida, no es una pulseada.

9- No uses la información en contra de quien te la dio.
Ni en ese momento, ni más adelante.

10- Que el otro comprenda que está siendo escuchado.
Con tus preguntas, con tu mirada, con tu gesto, con tu actitud, con tu apertura el otro ha de estar consciente de que está en una situación “diferente”, en donde es el centro de la relación.
Por tanto, no es cuestión de adormilarse en pasividad, en aparente escucha, sino ser activo participante, incluso por medio del silencio.

11- Sé breve, sé simple.

11- No des ningún consejo, ninguno.
Es dificilísimo, pero es necesario que te entrenes para hacerlo.
Hay varias ventajas en actuar así:

  • No crea dependencias tóxicas.
  • Porque no sabemos en realidad que es lo mejor, aunque tengamos experiencia y un poco de conocimiento, no tenemos la capacidad para decidir por el otro y por tanto aconsejarle lo que hacer.
  • Para que no seamos los responsables por la decisión del otro. Él escoge, él se hace cargo. Nosotros participamos con 0% en esa elección, por tanto estamos libre de responsabilidad.
  • Para que el otro se armonice y viva a plenitud.

Que el otro alcance una decisión gracias a que ha compartido con nosotros, a que hemos sido receptivos, a que hemos atendido, a que hemos preguntado para abrir las puertas de la conciencia.
Cuando somos oyentes activos, estamos dando al otro la oportunidad de que se oiga a sí mismo, cosa que no es frecuente de hacer.

 

Estas pautas permiten que el otro abra su corazón, expulse lo que le duele, se comunique consigo mismo.

Cuanto menos oscuridad cargue dentro de sí, más luz brillará en su ser.
Luz que servirá para alumbrarse y alumbrar a otros.

Para finalizar, te dejo un pequeño ejercicio, espero que lo hagas y luego nos compartas tus ideas aquí debajo en la zona de comentarios.
Los cuatro pilares del Comunicación Auténtica son:

  1. Sé sincero.
  2. No agredas al otro, respétalo (en tiempos, palabras, gestura, tonos, nivel de dificultad del lenguaje, etc.).
  3. No permitas que te agreda.
  4. Pregunta, no dejes que el prejuicio te manipule.

El ejercicio es que vincules estos pilares con las pautas que te presenté más arriba y encuentres como podrías mejorar tus modos de comunicación, tanto en las relaciones sensibles, como en lo cotidiano.

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Opiniones y respuestas

  1. aliciak (197) ‍‍28/06/16 - 23 Sivan 5776 {Link}
    Me resuena un tanto esta parte,para la comunicación Auténtica en algunas ocasiones Aparentemente escuchas a medio mundo, conversaciones superfluas
    pero cuando te toca escuchar a alguien aquí en amo o digamos me interesa es cuando todos mis sentidos están alerta deseó comprender ampliamente sus palabras, sus gestos, sus posturas, sus intenciones, sus omisiones, sus anhelos, sus brechas,cada detalle así
    cómo nos enseña el Moré citando sus palabras anteriormente
    Mi pregunta es No con todas las personas logro estar presente en una conversación, ni siquiera estoy en la disposición de escucharlo
    ¿Por que es que se da esto? Si todos son mi progimo.
    1

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