La autoridad y Yom Kipur

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por Shaúl Ben Abraham Avinu

¿Qué tendrán en común la palabra autoridad y Yom Kipur? Intentaré reflexionar de algún modo esta pregunta en este breve escrito con el fin de disertar mi parecer y exponerlo de una manera clara, sin entrar a detallar o inmiscuirme en intrincadas consideraciones de orden filosófico. Solo espero que mi intención rinda frutos a fin de que el vínculo que he establecido quede esclarecido a los lectores.

¿Qué es la autoridad? ¿Es acaso autoritarismo? Así en español estas dos palabras tengan una raíz en común sin duda son dos cosas totalmente distintas. Pero de los dos vocablos, solo me interesa el primero ya que el segundo es básicamente un abuso o mal empleo del primer término. Hay muchas formas de definir esa palabra y de entenderla, pero en español, de acuerdo al DRAE, encuentro varios sentidos, de los cuales solo dos me interesan: “Facultad o derecho de mandar o gobernar a personas que están subordinadas” y “Aptitud para hacerse obedecer o para influir sobre otras personas”. Por su parte la Wikipedia arroja este resultado: “…el privilegio de primacía que se reconoce en la influencia”.

En hebreo hay dos términos que se asocian directamente con la idea de lo que en español conocemos como autoridad, una es סמכות y la otra es רשות (reshut). La primera se relaciona con un acto cultural muy concreto dentro del judaísmo y es con el ordenamiento rabínico o semijá, que en realidad es una serie de ordenamientos ya que al ser la Torá (Escrita y oral) tan profunda se necesita de que sus leyes practicas sean conocidas por una variedad de individuos en sus diversos aspectos y en diferentes momentos y circunstancias El vocablo reshut, en cambio, tiene que ver más con la influencia que una persona puede llegar a poseer o no. A manera de ejemplo, un hombre puede ser ordenado rabino, es decir ha recibido la semijá (autorización), pero eso no garantiza que él tenga la reshut (autoridad) para ejercitarse en tan alto cargo.

De acuerdo a la tradición hebrea la posición original del ser humano antes de la trasgresión que nos separó de la percepción de HaShem era la de la autoridad. De esto da cuenta la Toráh cuando dice en Bereshit 1:26-27:

Dijo Elohim: Hagamos al Ser Humano a Nuestra Imagen, como a Nuestra Apariencia y que dominen — ellos — los peces del mar y las aves de los cielos y los animales y toda la tierra y todos los reptiles que reptan sobre la tierra. Creó Elohim al Ser Humano a Su Imagen, a la Imagen de Elohim le creó: macho y hembra Él los creó. (Versión del Rabino Marcos Edery)

¿Y dónde está la autoridad ahí? En la creación del ser humano (Adám) a la “imagen de Elohim”(BeTzelem), ya que ese apelativo sagrado alude al juicio y quien juzga tiene autoridad sobre lo juzgado. Por eso los jueces a lo largo de toda la literatura hebrea serán considerados elohim, palabra que en una mente politeísta e idólatra puede tergiversarse como dioses, pero que en realidad quiere decir jueces. En esta misma versión de la Torá que cito hay un comentario interesante al respecto:

… la creación del hombre con el “Tselem” imagen de Elohim tiene como consecuencia directa la capacidad con la cual fue dotado el Ser Humano para dominar, regir y poner al servicio de su desarrollo la naturaleza que D’s ha creado para él. Así como D’s rige la vida y la naturaleza en sus manifestaciones más totales y cabales, el hombre, en su finita dimensión, también podrá imitar a D’s y sacar fuerzas y capacidad racional e intelectual para poder usufructuar la naturaleza de la cual procede su cuerpo y tornarla en su medio ambiente para encontrar en ella todo lo necesario para el desarrollo de su vida física y material a fin de que pueda dedicar su espíritu a lo trascendente y a la fé en D’s, su Hacedor.

Esa autoridad se ha perdido en parte, pero también, en este mundo, puede recuperarse algo de ella. Y hay que estar atentos porque ese “algo” implica demasiado. Para saber cómo hacerlo hay que comprender algo radical y no llegar a creer o considerar que esa autoridad implica un dominio explotador, no es autoritarismo y mucho menos debe confundirse con tiranía. En Bereshit 1:28 se narra cual era el nivel de autoridad que Adam tenía:

Los bendijo Elohim y les dijo Elohim: fructificaos y multiplicaos, llenad la tierra y conquistadla; dominad los peces del mar y las aves de los cielos y todo animal que se mueve sobre la tierra. (Versión del Rabino Marcos Edery)

Ese pasuk me recuerda lo que está escrito en la amidá cuando se dice: “Restaura (hashibáh) a nuestros jueces como al principio (kebarishoná)”; en términos literales es una alusión al período cuando existen jueces en Israel bajo el Sanhedrín, pero en otro sentido alude al origen, cuando Adam HaRishom era el nivel más alto de autoridad en el mundo tal como HaShem lo había delegado y de lo que se hace eco en el Tehilim 8:5-10:

¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides? ¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronas de gloria y majestad! Tú le haces dominar sobre las obras de tus manos; todo lo has puesto bajo sus pies: ovejas y bueyes, todos ellos, y también las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar, cuanto atraviesa las sendas de los mares. ¡Oh HaShem, Amo nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!

Según la kabalá tal pérdida de autoridad provocó un estado en que unas klipot (cascaras) muy fuertes no nos permiten comprender el objetivo que HaShem tiene al restaurar el Mundo; por eso continua explicando la misma amidá en la parte anteriormente citada: “Vahaser (y quita) mimmenu (de nosotros) yagon (la tristeza) va’anajáh (y el suspiro)”. Pero ahí mismo, en la amidá, se anuncia que tal estado terminará, por eso continúa diciendo: “Umjol (Y reina) alenu (sobre nosotros) meheráh (Prontamente) atah HaShem (solo tu HaShem).

El secreto de esto se encuentra en que hay que reconocer que es en la autoridad que tiene HaShem sobre todas las cosas que reposa nuestra autoridad perdida: Él la tiene, Él no la dará si la merecemos, y solo la merecemos si cumplimos y vivimos la Torá que nos corresponde ya sea como judíos o noajides. Cuando HaShem reina en nosotros, nosotros podremos reinar, no de lo contrario. Lo interesante del pasuk de Bereshit antes citado es que Adam para ejercer dominio sobre la creación debe recibir, única y exclusivamente de Elokim, dos cosas y ha de hacer cinco cosas:

Brajá (Bendición)
‘Amar (Decir, o educar a otros)
Pru (Fructificarse)
Rebú (Multiplicarse)
Mil’u et-ha’aretz (Llenar la tierra)
Jibshuh (Someter)
Redu (Dominar)

Términos que pueden entenderse de manera muy literal o bien pueden servir de metáforas plenas de significados para que las llevemos a morar al día a día en nuestros actos. Según Rashí el verbo yirdú connota tanto dominar (ridui) como descenso (yeridáh). Con ello quiere explicar que si el hombre es digno podrá dominar sobre los seres y si es indigno no podrá hacerlo. Como Rashí lo resalta, la segunda vez que aparece este verbo (1: 28) la palabra aparece sin la Yod, que indica que hay dominio sobre los seres de este mundo, mientras que en 1:26 se está indicando el dominio de los seres celestiales. (En Torá con Rashí a Bereshit 1:26).

A mí en lo particular me gusta más otra posible traducción de la palabra jibshuh que puede hacer entender mejor al verbo “dominar”, amén de limar las rudezas que tiene en español. Entre los nativos americanos me encontrado un término que se puede adaptar mejor a la idea hebrea de jibshuh que aquella tan occidental y utilitaria de “someter”. La idea es “amansar” que es algo así como ablandar a la naturaleza para que se transforme en un territorio confortable sin que por ello se la destruya. Sin duda alguna la idea del Bereshit no es que la naturaleza deba ser destruida como signo de nuestro dominio sobre ella, sino que es todo lo contrario: dominamos la naturaleza porque podemos vivir en ella sin destruirla.

Ahora bien, ¿qué es lo que dominaba Adam? Los límites los establece el mismo pasaje y nos muestra que él tenía dominio sobre todas las direcciones y dimensiones de la creación:

-Degat hayam: los peces del mar, que implica las aguas, el mundo marino e íntimo.
-Of hashamaim: las aves de los Cielos, el aire y mundo de las ideas
-Behemáh: las bestias, el mundo moviente, que implica la fuerza
-Kol-ha’aretz: toda la tierra; todo lo mineral, lo fundamental
– Kol-haremesh haromesh al-ha’aretz: todo lo que se arrastra sobre la tierra.

Con esto podemos echar un vistazo a todo lo que el hombre perdió ¿Pero debemos solamente tener nostalgia por esos tiempos idílicos? ¿No deberíamos hacer algo por recuperar eso y, aún más, por superar nuestro antiguo estado? Entonces hagamos otra pregunta: ¿si esto se perdió como se recupera? Esta última pregunta nos llevará a responder las anteriores. La forma es adquiriendo el poder de la Única fuente posible, Elohim: La Fuente de Todos los Poderes. Volver a Dios, por la hermosa senda de la Teshuvá, es volver a la fuente de la plenitud que todos, por el hecho de ser humanos, tenemos el derecho a heredar.

Escribo esto ahora cerca del día más importante del año, Yom HaKipurrim, y me pregunto ¿no es acaso todo el ayuno en realidad una extensa oportunidad para que meditemos y reconozcamos que hemos perdido mucho al haber degenerado la autoridad que tenemos sobre lo que somos cada vez que incurrimos en un error –pecado- que nos desvió de nuestra senda, la cual nos trazó Hashem mismo para que lográramos la plenitud?

La respuesta a esta pregunta puede obtenerse al final de ese bello día, cuando las almas, luego de limpiar su sendero, logran recordar el brillo del que están hechas sus espirituales pieles, cuando sepan que se han hecho mejores un año más y que precisamente han alcanzado un grado más de autoridad sobre sí mismos: que es el mundo que en verdad tenemos que aprender a dominar.

Shaul Ben Abraham

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JonathanLuis Diego Perez ChaconShaul Ben AbrahamYehuda Ribco Recent comment authors
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Yehuda Ribco
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muy interesante e informado texto que se disfruta y agradece

Luis Diego Perez Chacon
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Muchas gracias por el texto.

Un error que cometemos los noajidas es que consideramos nuestros mandamientos como «obligación religiosa»; sin reflexionar más allá, lo que nos desvía a querer ritos, fiestas, trajes, o bien, modelos (judios) para no sentir orfandad religiosa, al estar compuestos principalmente de 7 leyes.

Pero cuando se muestra los altos valores que tienen las leyes primeras (el espíritu de la ley dirían los ius naturalistas) con escritos como el que se presenta, la idea de «obligación religiosa» se desborona, y surge el deseo sincero por el regreso a un modelo de persona con conciencia.

Jonathan Ortiz
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Muchas gracias por compartir esta enseñanza Shaul.

Saludos!

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