Para salir de la prisión del alma

 

Hemos aprendido que, la energía –Or– proveniente del En-Sof  -Infinito-, sigue una línea descendente que confluye finalmente en la sefirá -esfera, facultad- denominada Maljut -Dominio.

En nuestra espiritualidad radica la infraestructura que permite la vida y todas sus manifestaciones.
Es nuestro plano espiritual el que permite construir sentido, propósitos, trascender y conectarnos con otros (y Otro)
Es la fuente que posibilita el pensamiento, el sentimiento y la acción (manipulación de la realidad por medio del trabajo material y la palabra)
Pero atención, el alma puede estar concentrada en alguno de cuatro grados o estados de desarrollo.
Nos interesa en este texto mencionar dos: el estado animal y el trascendente.

El estado animal conduce los aspectos básicos, funcionales y pulsionales, de la persona, incluyendo el hedonismo, arrogancia, egoísmo, ira, pereza, preservación individual, etc. Este relacionamiento animal busca utilizar las energías en lo que es materialismo, placer por el placer, satisfacción inmediata, desconocimiento del otro como entidad pasible de recibir.
El estado trascendente, asociado a la búsqueda y construcción de lo positivo, apartado del ego, tiene sentido de la existencia de otro y sus necesidades, y tendencia al refinamiento de la persona. A diferencia del estado anterior, es potencial y no dado. Es decir, para alcanzar el estado trascendente del alma es necesario el trabajo personal, pues, no nace como un estado desplegado.

Cada una de estas manifestaciones del alma intenta controlar las funciones corporales en la búsqueda de conseguir sus metas. Cuanto más han logrado dominar, mayor es su poder, y con más facilidad extenderán sus funciones y objetivos a otras partes del sistema, de la persona.
Imagínelo como un río desbordado, cuanto más crece, más se extiende.
O como uno que se quiera limpiar la cara manchada refregándose con las manos más sucias. Lo único que conseguirá será extender la mugre.

El sistema humano, en su plano espiritual, está configurada por cinco segmentos, cada uno sirve para el manejo de la energía vital en diversas funciones específicas. En orden descendente son:

  1. Iejidá – la conexión con la esencia de la Vida, con Dios.
  2. Jaiá – fundamento de la voluntad y deseos no auto-centrados.
  3. Neshamá – las funciones intelectuales.
  4. Ruaj – la fuerza de las emociones.
  5. Nefesh – la fuerza que vivifica el plano corporal, es la que habilita la acción en la realidad material, y la que gobierna los instintos.

El estado animal no tiene alcance en los segmentos más elevados, estando su rango entre nefesh, ruaj y neshamá, aunque no debería despegarse del nefesh, al menos no en la persona que ha trabajado por su corrección personal.

Los estados más bajos del alma (mineral y vegetal) que no son de nuestro interés en este texto, son las asociadas a algunas de las acciones humanas que aparecen como auto-reguladas y/o vegetativas, tales como los latidos de corazón, respirar, escuchar, etc..
Por su parte, las acciones dirigidas (externas como caminar o hablar; internas como pensar o sentir) se asocian a los estados animal o trascendente.
Y es precisamente en esta disyuntiva que radica el tema de este texto.
¿Nuestra vida está plena de acciones dirigidas por el estado animal o por el estado trascendente?
Para responder a esta pregunta, debemos ver la cadena que lleva a la acción material.
Las acciones dirigidas tienen su origen en el deseo de la persona.
El cual activa su voluntad.
Que opera en la mente inconsciente.
Que estimula la emoción.
Que emerge en representación mental (pensamiento, recuerdo, imagen)
Que se transforman en acción (palabra o hecho)
Que a su vez puede afectar renovadamente el deseo inicial, dando inicio a una nueva secuencia.

Es este mecanismo humano el que hay que conocer y manipular para modificar las conductas negativas, y promover las positivas.
Hay modos precarios de dominar o modificar la conducta negativa, que apuntan hacia lo externo, lo superficial, lo manifiesto:

  • Uno es la deflexión (desvío)
    Por ejemplo si se siente ira contra alguien, y surge la moción (movimiento) destructiva, en lugar de dirigirla a dañar al prójimo, se la desvía hacia la destrucción de algo neutral, por ejemplo un trozo de papel.
    Este modo conoce su faz consciente (romper o golpear adrede objetos para descargarse); como la inconsciente (accidentes, dejar caer, etc.)
  • La deflexión perversa, es una variante de la anterior, que en lugar de dirigir el movimiento destructivo hacia la persona repelida, o a un objeto neutro; se dirige hacia un ser en posición de (supuesta) indefensión, por ejemplo un subalterno, un familiar, un animal, un niño, anciano, etc.
  • Otro modo, bastante dañino por cierto, es la retro-flexión.
    Que de manera similar a los anteriores se dirige a otro destino y no al deseado, pero en este caso el nuevo destinatario no es neutral, sino que se producen daños a sí mismo.
    Existen los perjuicios internos (alergia, úlceras estomacales, depresiones) y los externos (laceraciones, golpes auto-inflingidos).
    Y también pueden ser consciente (ataques a la propia integridad de todo tipo, incluso hasta el suicidio) ; o inconscientes (accidentes, caídas, olvidos, distracciones)
  • Otro modo es la sublimación.
    Por medio de este mecanismo se canaliza la energía destinada a una acción negativa, hacia una meta superior.
    A diferencia de las desviaciones anteriores, este desvío busca el mejoramiento y no el desagote estéril o pernicioso de las energías.
    Generalmente opera de modo inconsciente, es decir, el que sublima lo hace sin estar consciente de sus motivos. Cuando se realiza como parte de un procedimiento terapéutico, que busca la modificación de una conducta perjudicial, igualmente mantiene su estatus de inconsciente, pues ataca las manifestaciones externas (conductas o pensamientos)
    En la falta de conocimiento radica su debilidad, pues al no conocer la raíz de su fuerza impulsora, no advierte que está operando un mecanismo perverso en su sistema.

Y hay un modo evolucionado para manipular la cadena de las conductas, que es conocer los mecanismos operantes, los orígenes de la conducta adversa, las fuerzas que hay en juego en un momento y situación particulares, y proceder a refinar (redefinir) lo negativo en el aquí y ahora de su influjo negativo sobre la persona.

¿Cómo lograrlo?
Lo primer que podemos decir es que la solución está en remontar la canalización de la energía, hasta conocer su origen. Al distinguir éste, podemos proceder a la modificación en la raíz, y en la consecuente cadena.
Es decir, remontémonos hasta el origen del Deseo, para limpiar el sistema desde su inicio.
De no poderlo hacer, con cada nivel que vayamos descendiendo (rumbo a la acción) menos efectiva será la modificación conseguida.
¿Cómo se modifica el alma?
Debemos entender que así como nuestro cuerpo se modifica y desarrolla por medio del ejercicio y aplicación repetitiva de ciertas posturas y movimientos, algunas esferas de nuestra alma también son pasibles de modificaciones merced a los ejercicios específicos y regulares.
¿Conocer y pensar es la clave?
No, no es todo.
El pensamiento es un producto derivado, como veremos luego.
Se puede argumentar que la mente ciertamente alcanza a dominar a la persona, pero que la naturaleza y el hábito tienen el poder de neutralizar la independencia racional.
Para probar esto, basta recordar la última vez que usted se propuso: dejar de fumar, comer sano, rezar tres veces diarias, pasar más tiempo con sus hijos, caminar al menos media hora diaria, no chismorrear, etc.
Los patrones de conducta, sean inherentes o aprendidos, pueden asumirse como adicciones.
Algunas son adicciones a químicos o psicológicas. En tanto hay otras que son hijas de las actitudes, es decir, de los actos repetidos sin que medie el libre albedrío, y el cambio en las estructuras de base. En definitiva, uno pasa a ser adicto de su modo de vida inconsciente. Y muchas de estas adicciones corresponden a funciones vitales, o imprescindibles para la vida humana, como por ejemplo la alimentación, el habla, el trabajo, etc. Por lo que, aparentemente, sería complejo lograr la eliminación del acto adictivo, permitiendo la emergencia del acto creativo.
Como dijimos más arriba, cuanto más domine uno de los niveles del alma (animal o trascendente), más capacidad a su disposición para extenderse por todo el sistema.
Desde el nacimiento estamos sometidos al influjo del nivel animal, pues es el que gobierna los instintos básicos que preservan nuestra vida (no auto-regulada) Por lo que nuestra conciencia del mundo y nuestro sentimientos se van estructurando bajo el dominio de nuestra animalidad. Así pues, el ciclo (hábitos de vida) dirigido por el egoísmo esta arraigado profundamente en la persona. Incluso el pensamiento y la emoción, que teóricamente entrarían dentro de la égida de lo trascendente. Al reconocer esto, no nos sorprendemos de hallar personas con gran intelecto dirigido hacia el mal, o (aparentemente) imposibilitados de escapar a la esclavitud de sus instintos. Éste es el considerado como un intelecto inmaduro, pues en lugar de aspirar a su trascendencia y al bienestar compartido, desgasta su potencialidad en hedonismo y egoísmo.
Por lo que, el pensamiento no es la única llave para liberarse de las adicciones fruto del hábito incorrecto.

La Torá nos prescribe diversas mitzvot -mandamientos-, actos que deben ser realizados, más allá de que sean comprendidas sus motivaciones o no.
Una de las finalidades generales de las mitzvot es depurar a la persona.
¿Se comprende su relación con nuestro tema?
El método para extirpar los hábitos erróneos está en implementar hábitos correctos. De este modo se utilizan los medios del estadio animal dirigiéndolos hacia el desarrollo, en lugar de la mera satisfacción sensual y pasajera.
Por ejemplo, comer es necesario para la vida, es una de las funciones reguladas por el estadio animal.
Si se come para saciar el hambre, sin importar nada más, lo único que se ha logrado es eso… saciar una necesidad que pronto o tarde retornará.
Pero, si se come lo que está permitido, y se abstiene de comer lo prohibido, y se bendice antes y después de comer, y se guarda el respeto hacia la comida, los comensales y uno mismo; además de satisfacer el apetito se ha trabajado en conseguir las metas del estado trascendente del alma. Y se ha contribuido a extender el dominio de lo Alto sobre lo menos desarrollado en la personalidad.
Repitiendo un acto aislado, se lo puede llegar a transformar en un hábito, es decir, una adicción, pero en este caso tendiente a la superación, al acto creativo; y no al acto repetido.
Y si contemplamos con detenimiento, ¡descubrimos que estamos invirtiendo el sentido de la cadena de sucesos!
Partimos de un acto creativo y positivo (mitzvá).
Que genera un sentimiento puro.
Y posteriormente (o al unísono, pero no después) habilita el pensamiento novedoso, es decir, una conciencia renovada.
¿Cómo se logra esto, si no ha partido de un deseo original?
En principio, acatando sin deseo el Deseo ajeno (el de Dios)
El esquema nos lo muestra gráficamente.

Pensemos en la vida individual del judío, ¿acaso no está reglada desde el inicio? ¿No es circuncidado el varón a los ocho días de nacido? ¿No se lo introduce al mundo del servicio a Dios, tanto a varones como a niñas, a cada momento?
De este modo se está quitando terreno al estado animal del alma, promoviendo el imperio del estado trascendental, y asegurando un terreno fértil para los hábitos positivos, y alejándolo de las adicciones (hábitos negativos)
Lo que resulta de simple aplicación con infantes, puede ser más turbulento con personas mayores.
Una de las dificultades puede estar en la extensión del poderío del estado animal, con sus consecuentes vicios de pensamiento y modos de vida desviados de metas no-egoístas. Ya lo dijo el salmista: «El hombre que vive con opulencia, pero sin entendimiento, es asemejado a los animales» (Tehilim / Salmos 49:21)

Otro de los obstáculos está a las claras en el gráfico de más arriba: dada la cadena natural que comienza con el Deseo y se sigue hasta el acto; y dado una modificación de la conducta merced al creativo (mitzvá), con la canalización hacia arriba de los efectos; obtenemos una modificación en el orden pensamiento-emoción, y un choque de energías en el pensamiento (la energía derivada de la mitzvá con sentido ascendente, y la energía originada en el Deseo propio, con dirección a la acción)
Es decir, se produce un bloqueo en el pensamiento, y una sensación de desarmonía en el plano emocional.
Esto permite entender los duros conflictos que soporta generalmente el jozer biteshuvá (el que enmienda su vida), no sólo luchando contra el medio que lo rodea, con sus hábitos arraigados como segunda naturaleza; sino también un conflicto espiritual/energético atascado en su pensamiento y sentimientos.
¿Es posible salir de él?
Sin dudas que sí.
¿Cómo?
Utilizando toda esa energía circulante en la construcción de sentidos y propósitos en la vida.
No es extraño que el que ha implementado este método de modificación de la conducta, halle una nueva conciencia que le abre a posibilidades no advertidas por el habituado positivamente desde la infancia.
Esta es una de las razones por la cual los Sabios dijeron: «Ni un tzadik (el que dedica su vida a buenas acciones sin esperar retribución) logrará ocupar el lugar de uno que hace teshuvá (real retorno a la esencia)» (TB Sanhedrin 99a)
Es que, el que retorna a su esencia, esto es, el que modifica su conducta por medio de adecuarse al Deseo de Dios, pone a su disposición un potencial energético desconocido para el que se mantiene equilibrado en su concordancia con el Todopoderoso.
Sobre esto y asuntos relacionados trataremos en otra oportunidad.
Lo que deseamos rescatar en este momento es el precioso caudal de posibilidades que se abre ante el retornante.

¿Cuáles son los primeros mandamientos a los cuales hay que prestar especial atención al momento de pretender un cambio de hábitos en pos del desarrollo?
Tenemos dos variantes:

  1. Aquellos que sean antagónicos a los hábitos negativos. Sin embargo, se corre el peligro de dejarse llevar hacia el otro extremo, convirtiendo la posibilidad de crecimiento, en una nueva caída.
  2. Aquellos que sean de servir al prójimo generosamente, sin reparar en el interés egoísta, y el propio beneficio.

La suma de ambas variantes dan el mejor de los modos:

En un principio, y de forma consecuente y reiterada, tender a desarrollar los potenciales faltantes, hasta alcanzar un equilibrio estable y armónico.
Entonces, andar por el camino intermedio entre los deseos opuestos (entre exageración y defecto), desprovisto de egoísmo pero atento a sí mismo.

Así, la persona que estaba aprisionada puede liberarse. Sus temores, decepciones, anhelos fatuos, amarguras, desesperanza pueden ser superados.
A través de un poco de esfuerzo por conocer su situación de prisionero y lo que lo tiene encadenado, es como la persona puede procurar salir de allí.
Cuando se activa el deseo de Dios a través del cabal cumplimiento de Sus preceptos, se comienzan a abrir puertas que parecían perfectamente bloqueadas, y entonces se comienza a gozar positivamente de un ánimo que no se sabía que se tenía.
Esto lleva a cambios cada vez más profundos y esenciales que dan una nueva perpectiva de vida a la persona.
Pero, no es a base de milagros ni revelaciones, sino con trabajo, con compromiso para aplicar los mandamientos del Eterno, responsabilidad para estudiar Torá, confianza en el Eterno.

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norma medina c

Gracias nuevamente,por toda la riqueza que nos entrega para nuestro beneficio.
Norma

ram-sbo

CADA VEZ ME CONVENZO MAS DE HABER HALLADO EL CAMINO, EL UNICO CAMINO QUE ME CONDUCE FELIZMENTE A MI ELOKIM. DOY GRACIAS POR SU SABIDURIA Y GENEROSIDAD AL COMPARTIRLA.

graciela

BENDITO SEA EL ETERNO POR PERMITIR CADA DIA RECIBIR LA RIQUEZA DE SU TORA.
LEYENDO ESTE TEXTO TUVE PRESENTE TODO EL TIEMPO A MI SUEGRA,QUISIERA SABER COMO PODER AYUDARLA.
NO PUEDE CONECTARSE CON NOSOTROS QUE SOMOS SU FAMILIA.SU HIJO SUS NIETOS Y SOLO DEDICA SU VIDA A CRIAR ANIMALITOS COMPARTIENDO SU MESA CON ELLOS.
GRACIAS NUEVAMENTE Y QUE DI-S LOS BENDIGA.
GRACIELA

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